Feminismo en el mundo global.


La obra que he querido añadir al temario propuesto para preparar los temas referente al la dominación masculina y el sexismo en los medios, ha sido “FEMINISMO EN EL MUNDO GLOBAL”, obra publicada en el año 2009 y escrita por Amelia Valcárcel.
Ya que la asignatura “Medios de Comunicación Social en Educación”, trata muchos más aspectos que lo referente al género y al uso sexista de la mujer en la publicidad, aquí adjunto un resumen de esta obra que puede ayudar a entender el fenómeno, no obstante, en las entradas al blog de la página principal comentaré el texto que hay en la asignatura titulado “Del razonamiento argumental a la retórica de las imágenes” del profesor Ramón Ignacio Correa García.
Nacida en Madrid en 1950, Amelia Valcárcel es doctora en Filosofía y ejerce en la Universidad de Oviedo, hay que destacar que entre los años 1993 y 1995 fue Consejera de Educación, Cultura, Deporte y Juventud del Gobierno de Asturias, actualmente es Consejera del Consejo de Estado, presidenta de la Asociación Española de Filosofía María Zambrano Amelia Valcárcel forma parte de jurado de investigación nacionales e internacionales, destacar que es miembro del jurado de los Premios Príncipe de Asturias, en 2006 le fue concedida la medalla de Asturias en su modalidad de plata.
Valcárcel es una exponente del feminismo de la igualdad, siguiendo los pasos de la filósofa francesa Simone de Beauvoir.
Relevancia de la obra.
El libro de Valcárcel introduce al lector en el devenir del feminismo en Europa y Estados Unidos, tratando muchos aspectos a lo largo de sus 340 páginas que si bien no ahonda en ningún aspecto de los que se trata en la obra si expone con claridad los logros conseguidos por la mujer y apunta hacia donde han de seguir las reivindicaciones del activismo feminista.
La autora ha divido su obra en dos grades bloques comienza con un amplio recorrido histórico desgranado las 3 olas del feminismo y las explicando sus consecuciones y en una segunda parte de la obra se centra en la actualidad mirando hacia el mañana.
Resumen del libro.
Para la mayoría de los pensadores barrocos nada de lo nuevo o liberador iba destinados a las mujeres, se proponían cambios en torno a la legitimación política otorgando mayor libertad a los ciudadanos, pero todo ellos sin alterar la jerarquía ancestral de los sexos.
En el Siglo de las Luces se heredó la terminología de la filosofía política barroca, la idea de igualdad se la apropiaron, el sexo no debe excluir de bienes y derechos, y la dominación masculina es uno más de los injustos privilegios que abolir, a las mujeres se le impedía el acceso a la educación y se les prohibía el ejercicio de toda profesión, así se comportaron los primeros democratismos, así lo entendieron los fundadores de la política moderna.
 Desde el liberalismo al socialismo, no se quiere dar a la mujer el estatus de ciudadana a todos los efectos, desde las posiciones políticas del momento incluso se llega a decir que las mujeres que quieren ejercer su derecho al voto es porque no quieren ser mujeres y pretenden que el hombre sea mujer, el mundo al revés como muestran las caricaturas de la época.
Tanto el socialismo como el conservadurismo plantean que en la sociedad futura las mujeres seguirán haciendo de mujeres, pero serán libres para hacer por voluntad propia y sin miseria moral aquello que desean profundamente porque a ello están destinadas, y su destino es ser madres, amas de casa y dignas enromadas.
Valcárcel explica que el sufragio masculino recibió el inapropiado nombre de sufragio universal, la mayor parte de las democracias representativas del final de siglo XIX, así lo admitían.
Con el auge del fascismo mussoliano o hitleriano el problema continuó sin resolverse, el destino de la mujer estaría marcado por la biología en la maternidad y el cuidado, y todo lo que suponga apartarse de ese destino manifiesto debe impedirse, por ello la patria espera de ellas orden doméstico e hijos  sanos. Bajo la ideología fascista la igualdad entre varones y mujeres es en sí indeseable además de imposible de hecho el voto y la educación superior que eran la bandera del feminismo son consignas desfasadas se afirmaba desde las posiciones fascista, el voto no es necesidad de nadie en el nuevo orden y la educación, enferma o viriliza, con el punto y final del fascismo tras la segunda guerra mundial todo esto daría un giro.
En los años posteriores a la II Guerra Mundial las mujeres fueron consiguiendo el derecho al voto progresivamente en los estados que eran formalmente democracias.
La tercera ola del feminismo, gestada en muchos sentidos en los aledaños del 68 tuvo sus precursoras en Beauvoir y Friedam, cuyas obras fueron ignoradas por la teoría política en el sentido estricto, el movimiento feminista que se extendió por Occidente, también fue ignorado, fue en los 80 cuando los cambios legislativos procedentes del feminismo y sus políticas activas comenzaron a tener presencia institucional y pública.
La autora plantea que el feminismo es una de las tradiciones políticas fuertes igualitarias de la modernidad, probablemente la más difícil además de la fuerte oposición a la jerarquía sexual.
La historia del feminismo se puede dividir en 3 etapas distintas llamadas las olas feministas.
La primera ola se extiende en la revolución, aunque su primer gran precedente en Poullain de la Barre que escribe De la igualdad de los dos sexos en 1673, entre las conquistas del feminismo ilustrado estuvo el concepto viril de la ciudadanía y nueva definición de la feminidad, las codificaciones napoleónicas, que fueron aquellas nuevas formas de derecho positivo que sustituyeron al antiguo orden del derecho parcial de castas, oficios y estamentos, en las nuevas codificaciones civiles con la ayuda fundamental del modelo del derecho romano, la minoría de edad perpetua para las mujeres quedaba consagrada, eran consideradas hijas o madres en poder de sus padres o esposos e incluso sus hijos, no tenían derecho a administrar su propiedad, fijar o abandonar su domicilio, ejercer la patria potestad, mantener una profesión o emplearse sin permiso, rechazar a un padre o a un marido violento.
Las mujeres fueron excluidas de los tramos educativos medios y superiores, por ello el conseguir el voto y la entrada en las instituciones de alta educación, se convirtió en el objetivo del sufragismo.
La segunda ola, se extiende desde mediados del siglo XIX hasta la década de los cincuenta del siglo XX, la filosofía tomó el relevo a la religión para validar el mundo que existía e incluso para darle aspectos más duros de los que existían. En 1848, setenta mujeres y treinta varones de diversos movimientos y asociaciones políticas de talante liberal, se reunieron en el Hall de Seneca y firmaron lo que llamaron la Declaración de Sentimientos, esta consta de doce decisiones e incluye dos grandes apartados, la exigencias para alcanzar la ciudadanía civil para las mujeres y los principios que deben modificar las costumbres y la moral.
El sufragismo fue un movimiento de agitación internacional, presente en todas las sociedades industriales, que tomó dos objetivos concretos, el derecho al voto y los derechos educativos y consiguió ambos en un periodo de ochenta años, lo que supone al menos tres generaciones militantes empeñadas en el mismo proyecto.
A partir de 1880 algunas universidades europeas comenzaron a admitir mujeres en sus aulas y pese a que para estas excepciones la obtención de títulos fue generalizándose, ello no significó que pudieran optar a los ejercicios profesionales corrientes, existía cierto corporativismo entre los varones para que no pudieran hacer uso en el mercado laboral de sus respectivas titulaciones.
Estos incipientes logros en el campo de la educación se fueron extendiendo al campo político, comenzaba a existir un grupo de mujeres con formación superior que hacía más difícil de negar el voto a la mujer.
Al sufragismo fue innovador y crearon la manifestación pacífica, la interrupción de oradores mediante preguntas sistemáticas, la huelga de hambre, el autoencadenamiento, la tirada de panfletos vindicativos en definitiva el sufragismo innovó las formas de agitación e inventó la lucha pacífica, Harriet Taylor y su marido John Stuart Mill, pusieron las bases de la teoría política en que el sufragismo se movió.
Tras la Segunda Guerra Munida, se obtuvo por lo tanto el sufragio universal, derechos educativos extensivos a una parte importante de la población femenina, fue en ese momento cuando ocurrió un conglomerado que recibe el nombre de mística de la feminidad.
La tercera ola, comienza con las revoluciones de los años 60 y dura hasta la actualidad, aunque hay quien marca su punto y final en los 80.
Las primeras feministas de los setenta realizaron un ágil diagnóstico, el orden patriarcal se mantenía incólume, se perpetuaba la jerarquía masculina, en Mayo del 68 se conjugaron un relevo de élites que sustituyeron a las formadas y heredadas de la Victoria Aliada, en los 70 las mujeres no habían conseguido una posición paritaria respecto de los varones, el feminismo de esta década no se podía conformar solo con el derecho al voto sino que incidió en la tarea de repaso sistemático de todos los códigos a fin de eliminar los arraigos jurídicos de la discriminación todavía vigente, esto llevaría a las diversas revisiones y reformas legales en los países más avanzados, esto perduró hasta principios de los 80 pero la tercera ola feminista había previsto también que los ámbitos normativos no legales ni explícitos habían de ser alterados, los dos grandes temas fueron la “abolición del patriarcado”  y “lo personal es político”.
El conservadurismo de los 80 pretendió dar al traste con algunas conquistas que se habían conseguido gracias al activismo feminista, en aquella década de los 80 dos grandes potencias del mundo como son y eran en aquel momento como Estados Unidos y Reino Unido, estaban liderados el primero de ellos por Reagan y el segundo por Thatcher, las retrocesos que pretendían no tuvieron demasiado éxito a nivel internacional a consecuencia del un panorama internacional heterogéneo, además el feminismo en los 80 se estaba transformando en una masa de acciones individuales no dirigidas.
El feminismo de los últimos años 80 y la década de los 90 encontraron en el sistema de cuotas el modo que permitía a las mujeres adquirir visibilidad en el seno de lo público.
Se detectó que existía un techo de cristal en todas las escalas jerárquicas y organizacionales, a medida que se subía de nivel con formación equivalente entre varón y mujer, la presencia de las mujeres iba reduciéndose, los mecanismos por tanto eran tan solo aparentemente neutrales, a partir de este momento se comenzó a promover la discriminación positiva y cuotas, en el terreno de los poderes públicos se han obtenido buenos resultados pero queda trasladar este tipo de acciones al mercado,  lo que exigiría acuerdos políticos y sindicales amplios.
La discriminación positiva intenta la igualación en un punto de salida o en el de llegada, individuos afines pueden no ser tratados de modo afín para asegurarles un pequeño margen a favor en el inicio de la competición a la parte menos favorecida, por el contrario la paridad lo que se propone, es el cumplimiento de la meritocracia cuando la cooptación pura y simple no la asegura.
Volviendo al “Techo de Cristal”, apuntar que hasta los años 80 se mantuvo una leve diferencia de formación entre varones y mujeres, pero a partir de esta década se equilibraron las tasas educativas hasta llegar a la situación actual, en la que las mujeres superan levemente en formación a los varones, se realizó la constatación en aquella década de que las mujeres ocupaban los tramos inferiores de la escala, disminuían en los tramos medios y prácticamente desaparecían en los superiores, a este fenómeno   se le dio el nombre de techo de cristal, a formación homóloga, las mujeres nunca obtenían las metas que le correspondía según su formación.
La discriminación positiva son sistemas propios de las democracias desarrolladas, se aplican a colectivos que por una serie de razones, etnia, origen social, discapacidad física, tengan escasa presencia o estén marginados por diversas razones, aunque resultaron polémicas, las medidas de discriminación positiva fueron adoptadas por las sociedades multiétnicas que pretendían la integración de diferentes minorías raciales, por tanto la discriminación positiva concede una ventaja para garantizar un igual punto de salida, cierta igualdad de oportunidades, aunque no existan iguales capacidades o idénticos méritos, pero esta pequeño o gran falta de imparcialidad se compensa con el más justo procedimiento del sistema, esto no se puede confundir con la paridad, que consiste cuando nos referimos a paridad de sexo que entre varones y mujeres ninguno este sobrerrepresentado con respecto al otro.
La paridad se convirtió en una de las metas buscadas por las democracias avanzadas y así quedó fijada en la Declaración de Atenas de 1992, la de Beijing de 1995 y la de París de 1999, en todas ellas se subraya que la democracia exige paridad, es decir participación equilibrada de varones y mujeres en la toma de decisiones y reparto equilibrado de los sexos en los poderes públicos.
La autora recuerda en su obra que existió siempre una ciudad prohibida para las mujeres y parte de la historia de nuestras libertades consiste en estudiar cómo la hemos ido abriendo, transitando y colonizando, actualmente las mujeres apenas tenemos espacios inaccesibles, cuando comienza la lenta escalada de los poderes y los honores, de los recursos y el respeto, entonces cada centímetro es y ha sido motivo de disputa.
El feminismo actualmente afirma que las mujeres jóvenes viven bajo su influencia, creen que todo está conseguido una diferencia importante con las mujeres de los años 50 del siglo XX fueron bastante menos militantes que la generación sufragista de sus madres, esta encontraban conservadoras a sus hijas, se encontraban mujeres jóvenes que con estudios se metían en su casa a tener niños, pero esta generación produjo otra, la de los setenta, cuyo nivel de intelección y compromiso fue formidable, siempre se perciben pasos hacia adelante y pasos hacia atrás.
Otro aspecto en el que los movimientos feministas ven un mal uso de la imagen de la mujer, es en el mundo de la publicidad, en este ámbito se ofrece una imagen estereotipada de la mujer, aquí según Valcárcel no se observan las nuevas posiciones y habilidades de las mujeres, sus libertades y sus destrezas no encuentran lugar, las mujeres siguen siendo amas de casa y madres, figuras que se ejecutan con imágenes tópicas.
En este ámbito de la publicidad para la autora una mujer nunca está enfadada y si lo está, lo está por una dificultad, ellas deben de estar de buen humor porque la norma profunda exige que ellas sean la hacedoras de la paz, son las que mantienen vivos los resortes cálidos de la vida.
Un recurso frecuente en la publicidad de productos de limpieza actuales es que aparezca la consumidora junto a su madre  de la que se sabe por el tiempo transcurrido que era una antigua a la hora de limpiar o hacer tareas del hogar, la protagonista y destinatarias no se ofende porque ella encarna los nuevos tiempos la ama de casa nueva, mas tecnificada, la figura materna insiste por lo común en consejos desfasados, como “tendrás que frotar y frotar” las nuevas generaciones ve en el comentario de la madre algo absurdo porque el nuevo producto y la lavadora hará el trabajo… pero en la esencia de la publicidad, tanto antes como ahora es la mujer la que lava la ropa.
Amelia Valcárcel en este amplio tema que dedica al uso de la mujer en la publicidad hace un crítica generalizada al sector de los creativos publicitarios, afirma que el esfuerzo de los y las publicistas en dar con la voluntad femenina debería afinarse, para la autora no encuentran los mensaje necesario para hacer llegar a la mujer sus campañas publicitarias y mientras tanto no paran de soltar imágenes, de amontonar imágenes fracasada que son malas para las neuronas de los demás, y no se logra conectar con las mujeres reales porque no quiere conocerlas ya que las mujeres en los medios de comunicación son construidas en roles estereotipados.
La autora lanza una pregunta retórica ¿Por qué les resulta tan sencillo a los varones disfrazarse de mujeres y sin embargo, la inversa es tan difícil?, la respuesta es porque la feminidad es una máscara expresionista que puede adoptarse con facilidad exagerando sólo un poco alguno de sus rasgos más tópicos, las mujeres saben disfrazarse de mujeres, es parte su aprendizaje desde pequeñas, así se han socializado, este aprendizaje concluye en la adolescencia, puede comprobarse que cuanto más rígido es un tipo social, mayor distancia de presentación existe entre varones y mujeres, más fuerte y expresionista es la máscara que aquellas se sienten obligadas a encarnar, tal máscara suele recibir el nombre de belleza, el gasto por parte de las mujeres en belleza es uno de los grandes pesos en la economía de las mujeres, más solteras que casadas y más gasto cuantos menos estudios, las mujeres mayores además sufren una publicidad mentirosa que promete directamente juventud.
El patriarcado es un sistema de poder que ya no se comparte tanto como antaño, aunque sin llegar a la afirmación de que ha muerto, porque ridiculiza, dado que tenemos el empirismo asumido, la línea fuerte del patriarcado es la división entre lo público y privado, con una frontera nítida, el varón soberano en su casa y las mujeres excluidas de la esfera del pacto.
Sobre la violencia, la autora piensa que los tiempos son distintos, y los hombres se retraen a decir lo que piensan, porque es políticamente correcto no mostrar lo que en el fondo se cree, pero tienen las convicción de su superioridad y en su derecho del uso de la violencia, algunos varones después de realizar actos inimaginables, incluidos asesinatos de sus mujeres, se presenten ante las autoridades como héroes, se entregan como si formaran parte de un ejército de mártires, algunos varones al entregase tras haber asesinado en el ámbito doméstico, lo hacen con la conciencia del deber cumplido.
Es evidente que las oportunidades y libertades de las mujeres aumentan allí donde las libertades generales están aseguradas y un Estado previsor garantiza unos mínimos adecuados, por lo tanto el feminismo necesita el afianzamiento de las democracias para alcanzar sus objetivos.
Grandes retos tiene aún el feminismo, de forma inminente unos y a largo plazo otros, los inmediatos son desactivar la ginofobia del mercado es decir el miedo exagerado hacia las mujeres y cualquier cosa relacionadas con ellas, incentivar el empleo por medio de medidas positivas, programas y estímulos apropiados, hay que vigilar los indicios tan frecuentes de acoso en el trabajo y contrataciones basura, el empleo y la violencia son dos graves problemas de las mujeres, y de ellos el empleo es el más radical.

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